Hola de nuevo y como se me está
volviendo costumbre quiero pedir perdón por estar tan desaparecida, entre graduarme, las fechas de
fin de año y la búsqueda interminable de trabajo no he tenido mucho tiempo de
prender el computador. Este fin de año fue diferente, primero: porque lo pase
en armenia y no en la finca de mi abuela como de costumbre, segundo: no mire mi
lista de propósitos del 2015, no porque no los haya cumplido (no los recuerdo
todos) sino porque estoy muy conforme con el año que paso y tercero: para el
2016 no hice una lista de deseos enumerada, este año quiero que mi corazón y mi
cabeza me guíen sin imponerme algo que podría cambiar, quiero que cada día vaya
formando mi futuro sin presiones.
Empecé el año en la fiesta de san
silvestre del “armenia hotel” fue muy emocionante porque nunca había estado en
una fiesta de fin de año, la comida, la decoración y el ambiente me hicieron
sentir que fue la manera perfecta de cerrar el año en que me convertí en una
profesional. Pero no es eso de lo que realmente quiero hablar, hoy les quiero
contar acerca del eje cafetero, región colombiana llamada así por su gran
producción de café. Siempre lo he dicho, soy una orgullosa capitalina y aunque
mi corazón pertenece a Bogotá, llegue profundamente enamorada de Armenia,
Salento, Montenegro, el valle del Cocora, Quimbaya y el río la vieja (de haber
pasado más días agrandaría esta lista).
Mi travesía empezó en el parque
del café, es un parque de locos, porque es una mezcla entre parque de diversiones,
museo, parque cultural y sendero ecológico, de verdad fue una experiencia
invaluable, la pase delicioso, llegamos a las 9 am y me fui a las 6pm y aun así
no pude realizar todas las actividades. A pesar de sus 35° constantes de
temperatura disfrute como si fuera una niña pequeña, corrí, me moje, me subí a
las montañas rusas, conocí un poco más de la cultura del café y me embelese con
un paisaje que me lleno de calma y felicidad. Llegamos tan cansados al hotel
que ese día solo estuvimos un rato en la piscina, cenamos y a dormir.
31 de diciembre de 2015 empezó a
las 6am, nos recogió Fernando el conductor de una Van que nos hizo sentir en
casa. La idea era realizar un viaje por los pueblos cercanos a Armenia, tomar
mucho café y comprar artesanías locales. Así fue, si no hubiésemos tenido la
cena de fin de año en la noche nos habríamos quedado conociendo más. Este día
empezó en salento, pasamos primero al valle del cocora pues casi todo
estaba cerrado porque era realmente temprano. El valle del cocora es el hogar
de la palma de cera (nuestro árbol nacional) es un lugar donde puedes caminar o
andar a caballo, es enorme y extremadamente hermoso. En salento estuvimos en el
mirador y comprando artesanías, encontrar tanto extranjero y turista colombiano
me hace darme cuenta de lo maravilloso que es este país, es la casa de muchos y
si vienes sencillamente quieres volver, el café y los colores de las casas son
una mezcla inexplicable de alegría.
El fin de año terminó como les
comencé esta historia, termino lleno de alegría, paisajes nuevos y unos cuantos
kilitos de más, el 2016 empezó de la misma manera y durmiendo solo 3 horas,
pero cuando uno viaja no va a descansar así que no paramos y con la mayor
energía siguió esta travesía. El 1 de enero comenzó en un jeep willys rumbo a
Quimbaya para el balsaje por el río la vieja, un río que divide el departamento
del valle y el de Quindío, les cuento que es una experiencia maravillosa, ver
el paisaje y nadar en el río, no se sencillamente te llenas de energía, te
conectas con la naturaleza y llegas renovado. Sí así de enamorada estoy, luego
llegar al hotel a las 6pm entrar a la piscina y como la pereza nos pudo, pedir
un domicilio de pollo a frisby :D
Pd: de verdad quisiera contarles todoooo con detalles y subir las mil fotos del paisaje.
Ratona Viajera


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